, no Hay celebraciones que son, al mismo tiempo, una fiesta y una despedida. El pasado miércoles 8 de julio, el jardín del Colegio Mayor Alcalá acogió la Fiesta de Jubilaciones del curso 2025-2026, una velada emotiva y cargada de cariño en la que la comunidad se reunió para honrar a dos personas cuya huella en esta casa es profunda e imborrable: Carmen, trabajadora del Alcalá durante dieciocho años, y el P. Miguel Tombilla Martínez, CMF, misionero claretiano de la comunidad de los colegios mayores durante los últimos nueve años.
Una noche que empezó con oración
La velada comenzó como comienzan las cosas importantes en el Alcalá: con un momento de oración. Rubén Francisco Moro, responsable de pastoral, invitó a los presentes a compartir sus preocupaciones y ocupaciones y a ponerlas en manos del Señor, creando desde el primer momento el clima de recogimiento y gratitud que la noche merecía. Después, el jardín del colegio mayor se convirtió en el escenario de una cena en formato cóctel de pie, en la que compañeros, amigos y miembros de la comunidad compartieron el calor de una noche de verano madrileña con quienes tanto han dado a esta institución.
Carmen: dieciocho años al servicio del Alcalá
Carmen llegó al Colegio Mayor Alcalá hace dieciocho años y desde septiembre del pasado año 2025 disfruta ya de un merecido descanso. Durante casi dos décadas, su trabajo diario ha sido parte invisible e imprescindible del funcionamiento de esta casa: uno de esos pilares silenciosos sin los cuales ningún proyecto educativo puede sostenerse. La noche concluyó con el reparto de regalos y recuerdos, y con las palabras emocionadas de Carmen despidiéndose de sus compañeros, un momento que resumió con más elocuencia que cualquier discurso lo que significa construir comunidad desde el trabajo bien hecho y la entrega constante.
El P. Miguel Tombilla: nueve años de misión claretiana junto al Alcalá
La otra gran despedida de la noche fue la del P. Miguel Tombilla Martínez, CMF, quien durante nueve años ha formado parte de la comunidad claretiana de los colegios mayores, dirigiendo la Fundación Proclade y el área de Solidaridad y Misión de la Provincia Claretiana de Santiago. Su presencia ha marcado profundamente la dimensión social del Alcalá, fundamentalmente desde su testimonio de vocación entregada a los pobres. En junio fue destinado a París, a la misión de habla hispana, donde continuará su misión. Sus palabras, que no fueron de despedida, ante los que han sido compañeros pusieron el broche final a una noche que el Colegio Mayor Alcalá, como colegio mayor en Madrid que sabe que su historia la escriben las personas, guardará con gratitud y con afecto.
